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Israel y el Mito de Bourne

VIAJE A ISRAEL DE 7 DÍAS: CAPÍTULO 3

¿Qué tienen en común Israel y "El Mito de Bourne"? Pues a priori, reconozco que nada. Simplemente, el nombre de esa película es lo primero que me ha venido a la cabeza cuando he pensado en la idea de los tópicos, de las leyendas urbanas. Existen muchos mitos e ideas preconcebidas en torno a innumerables cosas en la vida y los destinos, los viajes, no son una excepción.

Cuando la gente de mi alrededor supo que iba a viajar a Israel, su reacción inmediata fue de alegría pero también de preocupación y temor. La frase "ten cuidado" comenzó a sonar de manera bastante recurrente y por eso yo, consciente de que surgía del cariño, la iba aceptando con resignación. Cierto es que las fechas de mi viaje coincidían a priori con unas semanas algo convulsas por aquellos lares, en las que las noticias no cesaban de lanzar mensajes de posibles ataques entre Israel y sus vecinos. Por suerte, todo ese ruido se fue diluyendo y, a día de volar, lo hacíamos tranquilas y sin el menor resquicio de aprensión por el terreno que nos iba a tocar pisar.

Por eso, por todos esos mensajes de alerta y todas las advertencias recibidas, creo que es mi responsabilidad compartir mi experiencia, que al parecer rompe por completo con muchos de esos mitos. En base a lo que habían compartido otros viajeros iba preparada para ciertas tensiones que, por suerte, no me ha tocado vivir en primera persona. Ni de lejos. Porque la nuestra ha sido una aventura sin sobresaltos, que espero contribuya a equilibrar la balanza de los recelos. 

1_En Israel me he sentido súper seguraAsí ha sido en todos y cada uno de los momentos del viaje y, ¡no porque hayamos vivido precisamente en una burbuja! Si le echáis un vistazo a nuestro programa, veréis que no hemos parado quietas, exprimiendo a fondo los kilómetros de la ruta. ¡Y eso que ingredientes no nos faltaban para la trama, con dos chicas viajando solas y conduciendo de norte a sur del país! Pero nada, ni un susto, ni una situación peligrosa… nada. 

¿Suerte solamente? Lo dudo…

Masada


2_Entrar y salir del país es farragoso. De nuevo, en nuestro caso todo fue como la seda. Y no debido a que Turismo de Israel hubiera colaborado en nuestro viaje, ¡os aseguro que nadie nos esperaba ni teníamos entrada VIP! 

Al llegar al aeropuerto no hubo largas colas, ni preguntas incómodas, ni nada fuera de lo habitual. Todo se tramitó rápido, indoloro e insípido. Como manda la tradición en estos casos.

Aun así, no nos atrevíamos a cantar victoria, pues aun nos quedaba la temida gran barrera: el control de pasaportes para salir del país. ¡Sobre ese momento sí que había recibido todo tipo de advertencias! Mentalizadas y precavidas, procuramos llegar al aeropuerto con tres horas de antelación. 

¿Y cómo fue la cosa? ¡Dejadme que os adelante que no fue para tanto! Primero, una chica nos pidió el pasaporte. Cuando llegó al mío se entretuvo más porque, tras revisar concienzudamente todas y cada una de las páginas y todos y cada uno de sus sellos, encontró uno que al parecer no le gustó nada: el de Emiratos Árabes. Así que, al tiempo que arrugó el morro, inició su mini interrogatorio: me preguntó que cuándo había estado, que para qué, que a quién había ido a ver, que si mi amiga tenía amigos árabes, que si había entrado en contacto con ellos… En realidad, el hecho no me sorprendió, pues conocía a priori las desconfianzas hacia los vecinos árabes. Con todo la chica fue muy educada, se mostró satisfecha con mis respuestas y nos dejó ir sin más. Fin de la anécdota.

A continuación, llegó el turno de pasar las maletas por el escáner, proceso que cursó rápido y sin incidentes.

Finalmente, pasamos por el que sería el tercer y último control de la noche. Al parecer, nos tocó de manera aleatoria una inspección manual de nuestras bolsas, que superamos con aprobado.  Entonces, para nuestra sorpresa, los propios chicos de seguridad encargados de revisarnos las pertenencias nos pidieron que les acompañáramos. Nos miramos extrañadas. Echamos a andar, inquietas, de manera que nos fuimos aproximando a las colas de facturación de nuestro vuelo. Pero, en lugar de dejarnos ahí sin más, nos lanzaron un gesto para que fuéramos con ellos hasta el mostrador, saltándonos la fila por completo. Mi amiga no entendía nada y, algo tensa, preguntó el porqué de esa maniobra tan extraña, temiendo que pasara algo malo, a lo cual uno de los chicos contestó, con una sonrisa, que como nos habían hecho perder tiempo con la revisión nos premiaban con el check in prioritario. 

Nos callaron la boca pero bien.

Sé, porque así me lo han relatado personas de mi total confianza, que no todo el mundo ha tenido tanta suerte y que han habido casos en los que casi han perdido el vuelo por culpa de los filtros de salida. Sin embargo, esto es lo que yo viví y así lo he contado. Esa fue nuestra cómoda experiencia. En total debimos de invertir quizá una hora, de manera que nos sobró tiempo más que suficiente para sacudirnos el sueño con un delicioso café Illy y recorrer el más que tentador duty free del aeropuerto de Tel Aviv, uno de los más interesantes del mundo según se rumorea entre los auxiliares de vuelo (que de esto saben mucho).

Aeropuerto de Tel Aviv


Los israelitas son antipáticos y ariscos. De nuevo, se me ponen los pelos de punta al escuchar esas generalidades. Como en todos sitios, ¡hay de todo! Hay gente maja y gente menos maja. Quizá, como anécdota, puedo decir que los hombres nos parecieron más amigables que las mujeres, aunque aquí quizá pensaréis como yo que el hecho de que fuéramos dos chicas jugó a nuestro favor… No lo sé, lo que sí puedo decir es que en general el trato al cliente tanto en hoteles, como en restaurantes y comercios que visitamos fue excelente, salvo en contadas excepciones (por ejemplo, en ese desayuno en el que el personal no pudo ser más borde con nosotras). En algunos casos se superó la excelencia, como en el de la recepcionista del hotel de Safed, el Ruth Rimonim, quizá la más amable que he conocido en toda mi vida, ¡la hubiéramos adoptado! 

La recepcionista más simpática del mundo mundial (Hotel Ruth Rimonim, Safed)

En definitiva, que los tópicos y mitos están para ser rotos y, cuando caen, hay que contarlo para contrarrestarlos. Por eso, animo a todo el mundo a visitar Israel con la más absoluta tranquilidad, porque solo así se podrá disfrutar de uno de esos viajes que pasan una vez en la vida.

5 comentarios:

  1. Me ha gustado tu artículo, sobre todo porque desgraciadamente en tiempos de internet y mundo globalizado todavía siguen existiendo grandes prejuicios debido a que somos manejados por los medios de comunicación.

    Soy afortunado viajero de Israel, Palestina e Irán este mismo año, y además de lo que dices de los israelitas añadiría que en Irán me he encontrado el pueblo más cariñoso y amable con el viajero de todos mis viajes por el mundo... Menuda paradoja eh?

    Se vuelve a cumplir que la gente y el pueblo NADA TIENEN QUE VER CON SUS GOBERNANTES. Que nadie confunda :D

    Creo que es la primera vez que escribo por aquí.. felicidades por tu artículo. Me pasaré más a menudo ;)

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  2. És cert hi ha molts de prejudicis sobre els viatges a aquest racons del món,també és cert que es poden trencar amb aquests post, tot és per por o ignorància en el cas de la nostra gent és per por. I en quant a la segona tot és cura viatjant ♡.
    Catiana tumbetcloset

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    Respuestas
    1. Tenc moltes ganes de que hi vagis i m´ho contis ;-)
      Besades reina.

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