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Viaje Transilvania 18

Parlamento de Bucarest

Pasan los días, y los días devienen semanas. Así, suma y sigue, el paso del tiempo se resume en esta situación de abandono absoluto en la que se encuentra sumido mi blog personal. Lo siento tanto, Viajes de Marita, pero eres la parte damnificada en este maremágnum compuesto por 1) mi trabajo, en marketing turístico, 2) mi faceta de bloguera profesional para Iberia, y 3) mi vida de estudiante en la UOC. El día tiene 24 horas, número que no puedo exprimir más, no no no.

El quid de la cuestión y la pena que me embarga (bueno, pena tampoco es, no me las voy a dar ahora de drama queen al más puro estilo chica Almodovar) la frustración que me embarga es que mi máquina de viajar, aunque no tenga tiempo para contarlo, no se detiene. En realidad, no contarlo no es el problema, el desperdicio es no compartir el aprendizaje, que es lo bonito. Además, no olvido que ese fue el motivo por el que en su día, este blog de reflexiones se transformó en bitácora de billetes y millas voladas. 

Castillo de Bran, en Rumanía

Como algunos sabéis, recientemente estuve de periplo por Transilvania. Efectivamente, eso es Rumanía. Lo que tenía que ser un viaje de X noches se acabó haciendo pequeño y achicando en X menos 2, todo por imprevistos de salud -de último minuto- que ahora no vienen al caso. La cuestión es que, a bordo del vuelo de vuelta, me dediqué diligentemente a poner por escrito algunas primeras conclusiones, reflexiones y recomendaciones sobre lo que había sido nuestra ruta y, por ende, nuestra experiencia en la tierra de Drácula. Lo hice, como viene siendo habitual en mí en los últimos tiempos, usando la aplicación del bloc de notas de mi teléfono inteligente, que es una forma muy apañada que tengo de recoger sobre la marcha mi diario de viaje, una que, no sin algo de melancolía, ha sustituido a la libreta y boli de toda la vida. 

Pues bien, antes de que se pudran en el olvido, como tantas otras notas viajeras de los últimos meses y semanas, en este impulso de viernes que parece haberme poseído -benditos días en los que las nocturnas podemos dar rienda suelta a nuestros biorritmos sin el runrún del remordimiento-, las comparto, consciente de que son más prácticas que inspiradoras.

Rumanía. 28 de abril a 4 de mayo de 2018

Rumanía me ha parecido un viaje de lo más agradable y muy recomendable. El tiempo en mayo ha sido caluroso (¡quizá incluso demasiado!), los pueblos y ciudades son preciosas, la gente es amable.

Pero vayamos por partes. 

De Rumanía destacaría (o al menos de Transilvania, que es por donde nos hemos movido nosotras) que es un destino muy, muy seguro. Eso es genial, por lo que animo a aquellas mujeres que quieran viajar solas a escoger esta zona para su aventura. Lo del inglés lo llevan regular, aunque siempre se acaba encontrando a alguien que lo habla y que está dispuesto a echar una mano si se necesita.

Comparado con mi ciudad, Rumanía es un destino barato. En general, dos personas pueden comer o cenar por unos 20 euros, incluso menos (en Rasnov lo hicimos por 12). El alojamiento también es económico, por 30 euros por persona/noche con desayuno se encuentran hoteles de gama media/alta/boutique con habitaciones más que espaciosas y muy limpias, además de excelentemente ubicadas. El de Sighisoara, un 4 estrellas, nos costó 60 euros y tenía unas vistas de postal sobre la ciudad. Se puede conseguir alojamiento aún más barato, aunque no era nuestro objetivo en este viaje.

¿Y qué comemos? De su gastronomía destacaría las cervezas típicas (la Ursus y la Timisoreana, muy suaves), las limonadas y jugos naturales de flor de saúco (suelen ser de medio litro), las salchichas ahumadas, y la carne de cerdo envuelta en hojas de repollo. El pescado brilla por su ausencia, y en todos lados encontrarás una buena oferta de ensaladas. Nos llamó la atención lo mucho que les gusta la pizza, la ofrecen por doquier, aunque la que probé en Sighisoara no fue nada del otro mundo (me resultó sosa, sosa). 

¿Cuánto tiempo? La duración del viaje, una semana, me parece adecuada. Mi sensación es que a partir de ahí, Transilvania puede comenzar a resultar algo monótona, ya que la arquitectura y atmósfera de sus pueblos es bastante parecida (palacios, murallas, iglesias ortodoxas, bastiones, y vuelta a empezar), al igual que el entorno que las acompaña. Otra historia sería optar por cambiarse de zona, dejar Transilvania y dar el salto a una región diferente de Rumanía. 

¿Cuánta caña meter? Nuestro ritmo de viaje ha sido más bien relajado. Se podría apretar un pelín más para así incrustar una jornada de senderismo o turismo activo, ¿quizá durmiendo una noche en Sinaia, en el hotel con encanto del que hablan las guías, para caminar por el Parque Natural? Eso hubiera molado, pasar una noche ahí y explorar el bosque circundante. 

¿Cómo moverse por Transilvania? En cuanto al hecho de desplazarse en transporte público, el balance es positivo, aunque haya tenido sus luces y sombras. Los trenes, a pesar de ser antiguos y algo sucios, son híper puntuales. Para los que quieran ahorrar,existe la fórmula de comprar solo el billete sin derecho a asiento, ¡sale tirado! Las estaciones resultan algo cochambrosas, lo que acaba siendo hasta pintoresco, para mí muy fotogénico. En el capítulo autobús/autocar es en el que he tenido peor experiencia, ya que la web de consulta que todos recomiendan, https://www.autogari.ro, no resulta nada fiableHasta en dos ocasiones me informaron de buses que luego no existían, y teniendo en cuenta que se trataba de los que me tenían que conducir hasta las capital para coger mi vuelo de regreso, no es difícil imaginar que tanto caos resultó un buen trastorno. Mejor asegurarse previamente de los autocares que efectivamente van a circular, o bien en la estación (eso sí hablan inglés, que no fue mi caso) o en la recepción del hotel. Tal precaución os evitará acabar peregrinando de ciudad en ciudad, maleta para arriba maleta para abajo, por polvorientas estaciones de bus situadas en polígonos desangelados. En cuanto a los trenes, ahí nuestra suerte fue otra, y la web de consulta (https://www1.cfrcalatori.ro/en/) no nos dio disgusto alguno. 

¿Qué ropa llevar? El tiempo a principios de mayo ha sido excelente, ¡puro verano! El sol ha brillado todos y cada uno de los días de nuestro viaje, y ha hecho mucho calor de día y fresquito (chaqueta ligera o camisa de manga larga) de noche. Me arrepiento de no haber llevado calzado de verano, ¡le hubiera dado un buen tute! Lo mismo pienso de algún vestido de verano o pantalón corto. La crema de protección solar para la cara o una gorra para cubrir el rostro hubieran sido imprescindibles, ¡el sol, si pega, lo hace fuerte! Y siguiendo con el apartado ropa, un consejo: llevad calzado de suela gruesa que amortigüe. Las calles suelen estar empedradas, y los caminos, también, así que ganaréis en confort. 

Murallas de Brasov, en Rumanía

Me quedo pues con las emociones. Con el conductor de bus y taxista para el que todo era súper, que había estado en España y que adoraba a sus mujeres (esto lo dijo haciendo un gesto con las manos con forma de tetas grandes); con la satisfacción de ser las segundas en entrar en el Castillo de Bran; con las mágicas vistas desde el mirador de Tampa. Con la paz y tranquilidad de esa comida en Rasnov, plácidamente sentadas en la plaza principal, sin ruido, sin nada. Con la primera impresión al ver su ciudadela, ¡qué cosa tan bonita! Con la luz y el verde al bajar del tren en Sinaia; con la majestuosidad del Castillo de Peles, ¡cuánto dispendio junto, cuánto horror vacui, por Dios! Con los paseos por los cementerios, muy presentes en este país, y con el gato que me observaba fijamente desde una de las lápidas del de Sighisoara, convencida estoy de que era el espíritu de alguien. 

Me quedo con tantas cosas...

Ruta de mi (nuestro) viaje por Transilvania

(Mi súper compi de viaje, Ali, alargó su estancia un par de noches más).

(día 1 - Sábado) 28 Abril. Vuelo Madrid-Bucarest 12.15 h - 17.05 h.

Noche en Bucarest, en el Buccur Accommodation (Strada Ion Câmpineanu 14). A 15 km del aeropuerto. 1 hora en bus. Se coge el 783 dirección Piata Unirii hasta PARCARE FANTANA BUS STOP (15 paradas) y se andan 3 minutos hasta el hotel, muy limpio, nuevo y correcto

(día 2 - Domingo) 29 abril

Por la mañana vimos el edificio del parlamento por fuera (no habíamos podido reservar la entrada con antelación) y después nos fuimos en tren a Sinaia.

Sinaia: visitamos el castillo de Peles.
Tren de Sinaia a Brasov. 3 noches en Brasov, en el Casa Albert Boutique Hotel (muy recomendable, ubicación excelente).

Mirador de Tampa, en Brasov

(día 3 - Lunes) 30 abril

Día en Brasov. Visita a pie por la ciudad. Por la tarde, subida en teleférico al mirador de Tampa. 

(día 4 - Martes) 1 mayo 

Bus de Brasov a Bran (para visitar el castillo de Drácula) y de ahí, bus a Rasnov (bonita fortaleza). Vuelta en bus a Brasov.

Fortaleza en Rasnov, Transilvania

(día 5 - Miércoles) 2 mayo 

Tren a Sighisoara. 1 noche en el Hotel Central Park Sighisoara, un 4 estrellas muy recomendable con unas vistas estupendas sobre las murallas de la ciudad. 60 euros. Sighisoara no es grande, aunque sí muy bonita.

Guía de viaje a Rumanía


(día 6 - Jueves) 3 mayo 

Mañana en Sighisoara. De ahí, bus hasta Cluj-Napoca, la capital de Transilvania. Noche en Cluj en el Zen Hostel Pura Vida. 35 euros la habitación doble con baño privado. Correcto, funcional, muy limpio y muy bien situado. Ambiente de hostel.

Trenes en Transilvania

(día 7 - Viernes) 4 mayo

Vuelo de vuelta a España desde Cluj.

Espero que estas líneas sobre nuestro viaje por Transilvania sean de utilidad, ¡buenas noches!

Kampot, día de moto y risas

Buenas y satisfechas noches desde Camboya:

El balance del día viajero de hoy se puede decir más poético pero no más claro: ha sido de diez. Kampot se ha levantado gris y amenazando lluvia, lo que para nuestro gozo ha resultado ser una alarma de lo más falsa. La jornada, que ha arrancado con dudas sobre cómo hacer lo que queríamos hacer (visitar el Parque Nacional de Bokor), ha acabado con sonrisas, momentos entrañables, y un buen saco de aventuras en la mochila.
Bokor, en Camboya

Mañana recorriendo el Parque Nacional Bokor

La clave de todo es que, por fin, lo hemos hecho. Me refiero a que nos hemos sacudido el miedo al frenesí del tráfico camboyano lanzándonos a alquilar un motorino, gestión mediante de nuestro maravilloso y recomendable hotel en Kampot: el Rikitavi. El trasto nos ha costado el irrisorio precio de 5 dólares, ¡lo que viene siendo un chollo! Que conste, insisto, que el tema nos daba un poco de respeto, por eso de que aquí en el sudeste asiático se conduce como se conduce, o séase, ¡con faldas y a lo loco! Sin embargo, el panorama de la alternativa -el alquiler de un coche con chófer por 40 dólares-, una opcion que nos asemejaba un tanto rancia, ha supuesto el empujoncito definitivo que necesitábamos para dar el salto adelante a la aventura.

El brinco sobre las dos ruedas ha sido un gran, gran acierto, un plan que recomiendo a todos.


Moto arriba, moto abajo, curva aquí y curva allá... Hemos pasado la mañana recorriendo el Parque Nacional de Bokor, surcando sus excelentes carreteras, a la vez que sumando capas de ropa a medida que ganábamos altura. De repente nos hemos visto envueltos por una espesa niebla, muy en plan Los otros, que ha llegado para quedarse. Su aura de misterio y humedad nos ha acompañado durante la mayor parte de la ruta, así que ha sido momento de sacar chubasqueros y abrigarse.

Una de las cosas que más nos apetecían de visitar el parque era conocer Bokor Hill Station, un pueblo abandonado que sobre el papel parecía de lo más interesante, con sus restos de edificios en estado ruinoso, entre siniestros e inquietantes. En la práctica, la cosa se reduce a un templo, una iglesia y un antiguo palacio, este último en reparación; en todos hemos hecho parada para rendirles la pleitesía que se merecían.
Bokor Hill
Aquí estoy yo haciendo el tonto en la puerta del templo abandonado. Aunque mi foto no lo demuestre, hoy la niebla ha hecho que los tres  edificios infundieran un respeto de lo más espectral y tenebroso.

Este es el palacio en cuestión, ¿verdad que parece como si de un momento a otro Nicole Kidman fuera a salir del edificio? En definitiva, Bokor Hill tiene su gracia, no me arrepiento para nada de haberlo visto. En cuanto al conjunto del parque en sí, la verdad es que es enorme y está muy cuidado, aunque me sigue sorprendiendo el concepto tan diferente que tienen aquí de Parque Nacional respecto al que tenemos en España, o al menos al que yo tengo. Me refiero, por ejemplo, a que en Bokor no hay senderos, a que la gente no va a caminar o perderse por su naturaleza. 

Tarde en ruta a la cueva de Phonm Ch´nork

De vuelto a Kampot, nuestra idea era continuar la ruta en moto y visitar otro de los lugares de interés de los alrededores: la cueva de Phnom Ch´NorkPara llegar hemos tenido que parar a preguntar en un par de ocasiones, ya que la señalización era insuficiente. 

El plan nos ha regalado una de las mejores tardes del viaje.

El camino, que durante sus últimos kilómetros ha discurrido por un incómodo terreno sin asfaltar, lleno de baches y socabones, me ha reconfortado el alma, me ha devuelto al viaje y me ha hecho conectar mucho y muy fuerte con Camboya. Un camino que nos ha regalado estampas de lo más pintorescas; hemos atravesado un mundo rural maravilloso, de puro campo, de gentes auténticas, niños y adultos saludándonos al pasar, brindándonos sonrisas impolutas... ¡qué seres tan deliciosos, cuánta alegría! También admirables, pues los observaba y no podía evitar pensar que son hijos de la guerra. De igual manera, mi cuerpo se ha estremecido al cruzar la mirada con algún anciano, al reconocer en sus ojos la dureza mezclada con un atisbo de tristeza.

Me quito el sombrero ante un país de supervivientes. 
cueva de Phonm Ch´nork


Reflexiones aparte, atención a la escalera para subir a la cueva de Phonm Ch´nork, ¡da mucho juego! 


Hemos pasado algunos minutos curioseando el interior, admirando su altura y el capricho de sus formas. ¿Lo mejor? Estar prácticamente solos, sentirnos exploradores, poder escuchar el revoloteo de los murciélagos sobre nuestras cabezas. 

En conclusión, la visita a la cueva de Phonm Ch´nork está bien, aunque para mí lo mejor de la experiencia ha sido lo que el camino para llegar me ha hecho sentir, lo que he visto desde la moto. Las sonrisas, los saludos, la amabilidad, la humildad y, en definitiva, la autenticidad.









Mañana dejamos Kampot y ponemos rumbo a la capital, a Phnom Penh. ¡La aventura continúa!