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Post China


El reloj marca las 22.21h pero el peso pesado de mis párpados me dice que, para este saco de huesos y  músculos en el que habito, son las 5.21h de la mañana. Aunque China ya no está en contacto con mi piel, ni me llega su (molesta pero necesaria) amalgama de olores, el reloj biológico y su tic tac temporal me marcan que ese colosal país sigue residiendo en mi organismo.

Estoy agotada pero satisfecha. 18 días en el gigante asiático han dado para muchas batallas. Ojalá hubieran sido meses, han tenido que ser jornadas. Sucesivas bocanadas de aire fresco suficientes para coger distancia de todo, para que la aspirina efervescente de las ideas esté ahora mismo dejando revoltosa un cerco de polvito en el vaso. Distancia. Pura y simple distancia. Porque aunque los amigos que te quieren te preguntan qué ha sido lo que más te ha gustado de todo lo que has visto, olvidan sin malicia enfocar hacia otro lado, inquirir qué has sentido. Porque el auténtico viaje paralelo al de los trenes nocturnos, literas duras, autocares estrechos o aviones zumbones es...el interior, el de las reflexiones, el que todavía no he madurado y quiero saborear poco a poco. 

Adiós China. Hola Palma. 

2 comentarios:

  1. Hola Marita, enhorabuena por este blog viajero. Me encantaría leer sobre tus impresiones y experiéncia viajera en China. Anímate y comparte ese viaje maravilloso.
    Un abrazo.
    P.

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  2. ¡Muchas gracias Pablo! ¡Qué ilusión! Pues estoy en ello, en breve, ¡mis peripecias por China! Besos. M

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