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Explorar los alrededores de San Diego: La Jolla y Encinitas

Viernes, 23 de mayo de 2014. Es mi día 2 de viaje y momento de empezar a explorar nuevos horizontes. ¡San Diego nos espera!

Salimos de la casa a eso de las 11h. Mis compañeras de piso de adopción me quieren enseñar La Jolla Shorepronto entenderé por qué. 

Nos montamos en el coche y ponemos rumbo a nuestro destino, que no es otro que arrancar el mediodía con un brunch en el Caroline’s Seaside Café (8610 Kennel Way, La Jolla). ¿Acaso hay algo más americano que este desayuno/comida? El lugar en seguida roba mi corazón. Entre su terraza al sol de lo más cool, su vista mar, las olas y su gente guapa a juego con el entorno, no me puedo sentir más en California. ¿Mi menú? El de los campeones: bagel de tortilla con queso y yogur con frutos rojos. Y para mojar, un café doble tamaño tanque. De hecho, todo en este lugar parece tener dimensiones extra grandes.


Desayuno en el Caroline's, en San Diego


Tras disfrutar de un rato de charla y buena comida, nos montamos de nuevo en el coche (con una recién adquirida multa como regalo) y le damos a las ruedas hasta alcanzar La Jolla. Allí, nos marcamos un recorrido panorámico al ritmo de un agradable paseo a pie. Cualquier visita a La Jolla lleva inherente una parada en el embarcadero para contemplar a sus residentes más exóticas: la colonia de focas que habita bajo la atenta mirada de las gaviotas y los pelicanos, que sobrevuelan sin pausa nuestras cabezas. 

La zona me parece acomodada, bonita y cuidada.

Es momento de seguir ruta. Como nos hemos quedado sin coche, es el turno de estrenar el bus como medio de transporte. Nos montamos en el 101 (como el Highway) hasta Encinitas. Avanzar se hace difícil por lo espeso del tráfico. 

En el bus conocemos a Jason, un universitario bastante freaky que, en cuanto se percata de que departimos en español, no duda ni un segundo en entablar conversación con nosotras, valiéndose de un chapurreo desenfadado de la lengua de Cervantes. Entre intercambios de frases y experiencias con nuestro nuevo amigo accidental, vamos atravesando a trompicones diferentes poblaciones de costa. Cae el Sol y una luz de lo más bonita envuelve nuestra hora de trayecto.

El plan es pasar la tarde en la ciudad costera de Encinitas. ¡Bendito plan! Alegre, colorida, surfera... Estamos a 40 kilómetros de San Diego y aquí se respira a culto al cuerpo. De nuevo, me siento más en California que nunca. ¡Menudo día maravilloso y cargado de buena vibra!


Paseamos por su calle principal, entramos en un supermercado orgánico que me flipa y nos acercamos a conocer la playa, que regala estampas como esta...


Playa de Encinitas, en San Diego

Para enamorarse, ¿no?

Y como parece haber un ambientazo por todo, acabamos cenando en el Union (1108 S Coast Highway 101, Encinitas), un restaurante de lo más recomendable. Ambiente informal, gente guapa de mediana edad, cervezas ricas y porciones generosas. La versión americana del pub británico que tanto me gusta. Ah, ¡los "flatbreads" están para chuparse los dedos!


Restaurante Union en Encinitas, San Diego

Y ahí es donde conocí al amigo de Sandra, Nico, quién ahora es mi "brother".

Total, que así acaba un gran día de aterrizaje en San Diego. Mañana, más. Can't wait!

Ubicación de Encinitas en el condado de San Diego

«San Diego County California Incorporated and Unincorporated areas Encinitas Highlighted» por Arkyan - My own work, based on public domain information. Based on similar map concepts by Ixnayonthetimmay. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons.

Recomendaciones sobre mi viaje a Los Ángeles

La vida está llena de promesas incumplidas. Algún día, alguien tropezará con el saco de las que he ido acumulando y se asustará. Y, al rebuscar, comprobará que la que hice en mi primera día de viaje al Sur de California, esa en la que prometía que iría subiendo entradas in situ y sobre la marcha, es una de tantas...

Sin embargo, me queda un pedazo de recuerdo, cual as en la manga, que todavía no había compartido. ¡Ta chan! Uno que redacté mientras regresábamos en tren de Los Ángeles a San Diego, aprovechando las incidencias y accidentes de ese viaje. Es momento de desempolvarlo y dejarlo volar. 

Ahí va.


Playa de Santa Mónica, en Los Ángeles


IMPRESIONES DE UN VIAJE A LOS ÁNGELES

  • Venice Beach, lo más.


Calles de Venice Beach, en California

  • Haber sido capaces de movernos en transporte público, para el asombro de los san angelinos, ¡lo más!
  • Nuestra casa en Venice Beach…¡oh, la casa! LO MÁS.

Dónde alojarse en Los Ángeles

  • Los sitios en los que hemos comido, de fábula.
  • Pasear por el Boardwalk de Venice y su punto freaky.
  • Abbott Kiney, mi nuevo barrio favorito.

"Son la 1.13 de la mañana y mi cuerpo circula a bordo de un tren de Amtrak con destino San Diego. Regresamos de pasar cuatro noches en Los Ángeles, lo cual no es algo que me pase todos los días. Aunque el azar se está encargando de que nuestro viaje de vuelta sea muy accidentado (mucho, hemos partido con cuatro horas de retraso sobre lo previsto), eso no va a lograr ni por asomo que el sabor de boca con el que me quede sea malo, pues ningún colofón lograría ensombrecer una aventura tan maravillosa.

¿Y cómo calificar estos cuatro días? ¿Geniales? ¿Estupendos? ¿Maravillosos? ¿Perfectos? Cualquier término se quedaría corto, por lo que mejor dejo desde ya de lado cualquier amago de encapsular la experiencia dentro de un adjetivo resumen. No soy tan valiente, no soy tan imprudente.

Regreso de vivir un sueño.

Dónde alojarse con airbnb en Venice Beach

Cuatro días en La La Land dan para un montón. No nos ha sobrado el tiempo, tampoco nos ha faltado a pesar de que sí, contenido hay para dedicarle más días, ¡eso seguro! Pero así está bien, diremos que es una buena medida. Inicialmente, nuestro propósito era pasar en ella solo 3 noche lo que hubiera sido, sin duda, poco… Nos hubiéramos quedado, por ejemplo, sin grandes hits del viaje como cenar anoche en el restaurante de moda Djellina o conocer hoy el Downtown de la ciudad, esa zona que tanto me ha gustado.

Moverse en transporte público por Los Ángeles, motivo de orgullo

Para mí, uno de los logros de este viaje ha sido haber hecho esta escapada sin necesidad de alquilar coche (y haber salido victoriosas). Sí, se puede… yes we can! 

Durante los preparativos del viaje, uno de mis retos fue buscar relatos en los que los viajeros hubieran optado por el transporte público como modus vivendi durante sus vacaciones en Los Angeles: me fue imposible encontrarlos. En general, he observado que te venden la moto de que sin vehículo propio en California no eres nadie y ahora, con conocimiento de causa, me encanta decir que es…¡mentira! Estoy feliz de afirmar que se puede ir de San Diego a Los Ángeles cómodamente en tren. Es una gozada.

Mi sensación/conclusión es que debemos de ser de las pocas (si no las únicas extraterrestres) que hemos optado por desplazarnos en bus, a pie o en metro por la ciudad. Así que, a todos aquellos que a la hora de organizar su periplo por LA tengan dudas o reparos al respecto, me complace decirles que sí, es posible y sí, es incluso recomendable. ¿Desventajas? Haberlas, haylas. La que quiero que tengáis más presente es la pérdida de tiempo: todo es más lento, todo es más largo. Por otro lado compensan cosas como no tener que buscar aparcamiento o ahorrarte el coste del mismo.

Advertencia importante: nada de esto hubiera sido posible (o, al menos, hubiera sido mucho más complicado y engorroso) de no haber contado en todo momento con un teléfono con conexión a internet y google maps. El móvil americano de mi amiga y compañera de viaje Sandra ha sido nuestro mejor amigo: para averiguar líneas de bus, calcular distancias, conexiones. De no haberlo tenido, no sé qué hubiera sido de nosotras…

En fin, ciudadanos sin carné o sin ganas de conducir del mundo, estoy encantada de aseverar que los buses en LA funcionan de maravilla (eso sí, siempre hay que llevar el cambio justo) y que, además, hay algunas líneas de metro para ciertos trayectos interesantes (como, por ejemplo, para ir a Universal Studios desde Hollywood).

Nuestro alojamiento en Venice Beach (Los Ángeles): verlo para creerlo.
-¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Esa fue la frase que brotó de mis labios al tomar conciencia de la maravillosa casa que nos iba a alojar durante nuestras tres noches en la ciudad más poblada de California. 

Mejor, imposible. 

Otra de las joyas de la corona de la escapada a L.A. ha sido nuestro (bendito) alojamiento… ¡algo bueno debemos de haber hecho en otra vida para haber acabado topando con una casa tan increíble y en una zona tan carismática como Venice Beach! Me atrevo a decir que una elección mejor en ambos casos hubiera sido virtualmente imposible, así que doy las gracias a nuestro karma por haber conducido nuestros pasos hasta ambos destinos.

Nuestra casa, reservada a través de airbnb.com, ha sido y es LA casa. No es que pueda recomendarla, es que debo hacerlo, ¡siento que es mi obligación compartirla y difundir sus virtudes! Os ruego, a todos los que busquéis alojamiento, que intentéis reservarla. Es MA-RA-VI-LLO-SA. Por dentro y por fuera, sus paredes y las personas que la habitan…


Y es que, situada como he dicho en el barrio de Venice Beach, a escasos metros del mar, parece sacada de una revista. Os sentiréis como alguien famoso y especial durante unos días… ¡en serio! De hecho, al llegar a la puerta no me podía creer que yo fuera a dormir ahí, ¿de verdad había tenido tanta suerte? Tuve que pellizcarme para cerciorarme de no estar soñando. 

Pero el flipe no quedó ahí, en la fachada de la vivienda. Cuando entramos y Dorothy, nuestra encantadora y jovial anfitriona, nos enseño nuestra habitación… no me lo podía creer. ¿Esa estancia enorme, perfectamente decorada, con vistas al mar y con un baño como la mitad de mi apartamento en España iba a ser toda para nosotras? ¡Ay Dios mío! Y el remate llegó cuando nos subió a la enorme terraza de la azotea, con vistas despejadas y de infarto a todo Venice, al mar, al embarcadero… ¿sigo? De corazón me he sentido bendecida por vivir unos días el sueño de esa casa, por absorber su paz, por esos despertares inolvidables con vistas al mar, a sus olas y sus surfers en acción desde bien temprano. Por poder disfrutar de su luz, de su buena energía, de esa cama tan enorme como confortable… Gracias Dorothy, gracias por tu simpatía y tus gestos cariñosos, por abrirnos tu hogar y hacernos sentir tan y tan cómodas. Gracias también a tu preciosa hija y a tu educado marido, siempre atentos y con las palabras justas de bienvenida. No se me ocurre otra manera de expresarlo: hemos pasado unos días en familia. Gracias, gracias, gracias, han sido los 130 dólares por noche mejor pagados de mi vida.


Os tengo que dejar. Me dicen que la próxima parada es la nuestra. Así que, continuará…"