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Noruega: preparativos del viaje

¡Ha llegado el día! ¡Nos vamos a Noruega!

De regreso de China

Después de mucho dudar sobre cómo movernos, parece que el guión de nuestra ruta ha tomado forma, aunque hemos dejado un poco de espacio en forma de margen para la improvisación. 

En la primera etapa del viaje (4 días) vamos a optar por el transporte público, con trenes y ferrys que nos acercarán al sur del país.

La segunda etapa (de 6 días) promete un poco más aventurera y ahí es cuando empezará nuestro particular road trip por los fiordos occidentales y por el centro. Finalmente, hemos alquilado el coche con Avis, ya que la oferta ha sido muy buena y el trato y atención, excelentes.

Hora de meterse en la cama, ya que el vuelo directo a Oslo Torp nos depara un buen madrugón.

¡Felices sueños! ¡Cierro por vacaciones! (hasta nuevo aviso)




Patrimonio en peligro de extinción


Zadib es un bonito nombre. Un nombre heróico. Un nombre que se resiste a desaparecer.

Cinco letras que esconden el ritmo de una ciudad histórica. Y no una ciudad cualquiera, sino una en peligro de extinción. Porque no solo los animales nos amenazan con esfumarse para siempre de la faz de la tierra, también las piedras, el patrimonio y la cultura penden a veces de un hilo demasiado frágil.

Zadib, cuál velo que se descompone, sigue habitando de momento en Yemen. Un país por el que siento una inexplicable fascinación, la cual viaja indisoluble de la mano de un día 1 de enero de hace ya demasiados años (años que parecen un ayer).

Tal día como aquel en el que quedaban (salvo excepciones) 364 días del año, me senté temprano frente a la televisión. Por entonces, el mundo de los canales era sencillo y la pantalla me sorprendió con un documental algo añejo en su estética. Era una reportaje sobre Yemen y sus gentes, sencillo y sin grandes pretensiones. 

Esas imágenes quedaron grabadas a fuego lento en mi pensamiento. Entonces, cuando mis mundos eran más reducidos, el impacto y la magia de esas mujeres yemenitas vestidas de negro, sus fascinantes costumbres, los seductores edificios y su singular arquitectura fue fuerte.

El desgaste del tiempo es culpable de que apenas recuerde los fotogramas, de que se diluyan en una nebulosa. Por el contrario, continua muy fresco y presente mi decidido pensamiento de entonces: algún día, viajaré a Yemen.

A posteriori llegarían Bin Laden, el terrorismo y las recomendaciones en contra de visitar ese país bicontinental. Sin embargo, no pierdo la esperanza de, algún día, pisar esa tierra, uno de los centros más antiguos de civilización del Oriente Próximo.

Algún día.


UNESCO

Para saber más sobre este y otros 36 lugares catalogados como en peligro de extinción por la UNESCO, visita el siguiente enlace.

Relato de viaje a Gijón. Día 2


"Ya vendrás al plato, arbeyu"- (dicho popular en Asturias).


Eso aprendo hoy...entre otras muchas cosas.

Y es que...nunca te acostarás sin saber una cosa más.

Me levantó recordando el local tan chulo en el que cerré la jornada de ayer: una gran sorpresa.




Y, además, me levanto pensando que esta ciudad tiene un rollo creativo que me está encantando.


¿Qué nos deparará el día hoy? De momento, el plan promete. Véase:

Paseo en barco por la bahía.
Visita guiada a pie por Cimavilla (barrio antiguo de pescadores).
Visita a un llagar y comida.
Paseo en Segway (¡mi primera vez!).




Empezar la mañana navegando no es mal plan, ¿verdad? Amanece nublado, así que me enfundo el cortafríos que, a posteriori, no tendrá mucho frío que cortar (la temperatura es bastante agradable).

Desde el Hotel Santa Rosa llegar a la Dársena Vieja, de donde parte la excursión en barco, es apenas un agradable paseo a pie. 


Nos recibe el patrón, un señor encantador. Tras una breve explicación de los encantos del catamarán Gran Bahía, zarpa para nuestro regocijo.

El paseo es de lo más agradable y recomendable. Además, nos premian con unos dulces típicos de los que me declaro fan instantáneamente: la princesita y la pasta de nuez. No me extraña que la primera, un dulce de mazapán y crema de yema, haya conquistado Inglaterra, Estados Unidos o Japón o que apasionara a la madre del rey. ¡Están de muerte!

La experiencia en barco es de lo más divertida. En proa hay una red y, como no, ahí nos instalamos entre risas para cómodamente disfrutar del recorrido: salimos de la marina, bordeamos el emblemático barrio de Cimavilla (que en breve recorreremos a pie) y atravesamos la Bahía de Gijón con la playa de San Lorenzo como telón de fondo, para finalmente llegar hasta la Playa de la Ñora.

Contemplar una ciudad desde la distancia que da el mar siempre es muy instructivo. Se aprende mucho y la perspectiva proporciona muchas referencias útiles. Eso sí, observo con añoranza algunos edificios históricos y bajos, con un evidente encanto, algo asfixiados entre otros modernos y de alturas considerables y dispares (y ya no tan bonitos). Lo hecho, (mal)hecho está pero, sin embargo, aprendo que Gijón está intentando dar una solución creativa a esa cara poco amable de su fachada marítima con el Plan Especial de la Fachada Marítima Muro de San Lorenzo, otorgando ayudas a los propietarios para mejorar las fachadas y cubrirlas con paneles decorativos de vidrio azul. Una solución original que redundará en unificar la imagen y darle un toque moderno y singular. Mientras observo algunos ejemplos, me intriga saber qué cara tendrá el resultado final.

Es tiempo de volver a tierra firme e iniciar la ruta a pie por Cimavilla. ¿Y qué es Cimavilla? La respuesta es fácil: el Gijón más histórico donde encontramos la esencia de la ciudad.

Del paseo, que discurre en buena parte encaramado a un acantilado con bellas vistas al Mar Cantábrico, me quedo con varios momentos:

El contraste entre lo moderno (la pista de skate de Cimavilla) y lo antiguo (l'Atalaya del s.XVII- XIX).


El efecto de emitir un sonido en el centro de la escultura "Elogio del Horizonte", del genial Chillida.



Las vistas de la playa de San Lorenzo desde el exterior de la iglesia de San Pedro.


La instructiva visita a las termas romanas de Campo Valdés (ss. I-II d.C.)



A veces, las visitas a restos que no son muy explícitos me dejan algo indiferente. Sin embargo, estas termas sí son interesantes y el museo está bien montado (pedigree no le falta pues, de hecho, tuvo una mención especial como mejor museo europeo en el 96).

Se trata de uno de los tres museos arqueológicos que tiene Gijón. En su interior, por ejemplo, se halla una sección de la antigua muralla romana. Me encantaría poder regresar a los tiempos en los que la ciudad romana ocupaba lo que hoy es Cimavilla, el actual casco antiguo.


Es momento de decir adiós al guía que nos acompaña y coger el autocar para recorrer los 13 kilómetros hasta Trabanco, nuestra siguiente parada.

Son las 13h cuando arribamos y, antes de comer, toca estirar las piernas, dar un paseo y visitar el llagar. Me encanta ver cómo en Gijón el mundo rural está a tan solo 10 minutos en coche del centro urbano. Entre vaca y vaca, tengo oportunidad de charlar con Maite, nuestra guía, quién me cuenta que "aquí vive feliz porque lo tiene todo". Bonito resumen.



Disfruto de lo lindo del paseo entre manzanos en flor (preciosos, por cierto) hasta que llegamos al llagar, fundado en 1925. El local es impresionante y ocupa el interior de un antiguo túnel. Al parecer, el actual dueño se inspiró durante uno de sus viajes. Qué bueno es viajar.

Entre inmensos barriles, Maite nos detalla con esmero el funcionamiento del llagar y relata con orgullo que pertenece a un grupo de cosecha propia, anterior a la denominación de origen de la sidra. Yo prometo que la escucho, aunque reconozco que me distrae el olor de esta bebida alcohólica y que la aspiro y me dejo embriagar/transportar por su aroma.

14.30h. Es momento de sentarse a comer en @casatrabanco. Víctor, uno de nuestros compañeros de viaje y lugareño, nos confiesa que "aquí se come bien y barato, por 10/12 euros" y que todo es "de buena calidad sin arruinarte por ello". Ahí lo dejo.

Emocionada estoy. Llegó el momento. ¡Mi primera fabada! El plato estrella, el rey de la selva, el top de los tops. Esta pinta tiene y...¡mejor sabe!:



Y, ¿qué decir del postre? ¡Arroz con leche con cobertura de crema catalana! ¡Ñam!



Antes de irme, cotilleo los platos de otros comensales y ficho dos con una pinta estupenda: el cachopo (como un san jacobo pero con jamón serrano) y los tortos (tortas de maíz parecidas a unas mini pizzas).




A las 17h estamos de vuelta en el centro. En un rato nos toca otro de los platos fuertes del día, la excursión en Segway para conocer el Gijón Goloso. Vamos a recorrer el centro parando en algunas pastelerías donde podremos degustar dulces típicos. Compras unos bonos que puedes intercambiar por especialidades reposteras en alguno de los establecimientos participantes.


Es mi primera vez en este trasto y estoy muy emocionada. Tras una breve instrucción de unos minutos pienso "no parece muy complicado". Se trata de relajarse y mantener la misma postura que tendría uno de pie en la calle. De lo contrario el cacharro, a modo de chivato, se mueve solo.

Ya estoy encima y, de repente, noto algo así como un nudillo en el estómago. ¿Estoy nerviosa? Pero, ¿por qué demonios estoy nerviosa? ¡Si no pasa nada!

Entonces arranco...y noto el viento en la cara...y siento un cosquilleo...y una sensación de libertad me inunda mientras avanzo entre los peatones. ¡Esto es genial! ¡Me encanta!

Entre paradas, fotos, risas y dulces, paso uno de los ratos más divertidos de los últimos tiempos. Se lo recomiendo a todo el mundo. ¡Es genial! Yo quiero uno para mí.

Con el Segway regresamos al barrio de Cimavilla, recorremos el paseo de la Playa de San Lorenzo...y todo parece tener una perspectiva diferente, mientras la gente nos mira, divertida, al pasar.





No me quiero bajar. Como todo lo bueno, ha pasado muy rápido. Menos mal que el tiempo ha cambiado y hace frío, así sí dan ganas de regresar al hotel.


A las 21.45h nos recogen para la cena. ¡Y qué cena! 

De nuevo, vamos paseando a pie hasta el restaurante El Puerto. Todo un lujo, ya que el chef cuenta en su haber con una estrella Michelin.




El menú es ex-qui-si-to y las vistas al mar desde el reservado, una pasada. El ambiente es elegante, a juego con el resto de comensales.

El servicio es excepcional, atento y servicial. Si algo del menú degustación no te gusta, ¡raudos y veloces te lo cambian! 

La comida es un festín para el paladar y cumple el estándar de un menú degustación, con pequeñas raciones exquisitamente presentadas:

Manzana, foie y macadamias.
Vieira asada, manzana verde y perrechicos.
Merluza del pincho "puerto celeiro", sopa de patata, cítricos y cardamomo.
Paletilla de lechal a baja temperatura y patatas panadera.
Sopa de queso de cabra, avellanas y helado de miel.

Al final, te vas con el estómago lleno y feliz.


Y feliz...te vas a dormir.

¡Mañana más!

FICHA TÉCNICA

Excursión en el catamarán Gran Bahía

Alquiler de catamarán Athena 38 de Fontaine Pajot. Navegación por el Cantábrico desde Asturias. Tlfno. 655 81 45 49.

El barco tiene 12 metros de eslora y 6,3 metros de manga y una capacidad de 11 personas + el patrón.

Dispone de 4 camarotes dobles, 2 baños completos, 1 salón, cocina y unas amplias zonas exteriores.

Se pueden organizar salidas en varios catamaranes hasta incluír a 24 personas.

Visita al llagar Trabanco y comida

De martes a domingo. Dos turnos: 12pm y 8pm.

Mayo es la mejor época para ver el manzano en flor.

Ruta en Segway

Todos los lunes, puedes obtener un descuento del 50% en “Ruta del Litoral” y “Costa + Parque Isabel la Católica”.

Tienes la posibilidad de disfrutar de una hora y media de paseo en Segway por solo 12’50€, la mitad de lo que costaría normalmente, gracias a Gijón Turismo y a Eco-lógica.

Conviene reservar previamente en los teléfonos 985 34 31 70 o 696 93 50 01 y mencionar que quieres beneficiarte de la oferta Días con Sal.

Cena en El Puerto

Claudio Alvargonzález, s/n
Tel: 985 168 186
www.elpuertogijon.com
33201 Gijón

Relato de viaje a Gijón. Día 1

Hoy toca madrugar. El vuelo a Barcelona sale a las 8.20, así que hay que estar en el aeropuerto a las 7.20 de la mañana (horror).

Son las 9.15 cuando aterrizo sana y salva en Barcelona. El vuelo desde Palma de Mallorca ha salido puntual, así que me aguardan 4 horas de escala en la terminal 1. Es una excelente excusa para ir de tiendas.

13.45. ¡Por fin despegamos! (tras una hora de retraso sobre el horario previsto).

14.45. Llegamos al aeropuerto de Asturias. Es curioso. En la tarjeta de embarque indica "Aeropuerto de Oviedo" pero, en realidad, oficialmente es el aeropuerto de Asturias, que ni siquiera está en Oviedo, sino en Avilés, a media hora en taxi de Gijón. El taxista, muy simpático, nos pone al día del galimatías y nos explica la confusión que eso genera en los turistas, que creen haber aterrizado en Oviedo y tardan en entender el entuerto.

Me asignan la habitación 109 del Hotel Blue Santa Rosa (3*), interior y muy tranquila. Se trata de un coqueto establecimiento ubicado estratégicamente en la calle del mismo nombre y, por tanto, de lo más céntrico. La primera impresión es muy buena, predominan unos agradables tonos azules en su decoración. Me gusta este hotel, pequeño y acogedor. El personal es encantador.

¡Hora de comer! Da gusto poder ir a pie hasta la taberna tienda 985, de Vicente Crespo. ¡Os recomiendo entrar en la web, que es de lo más divertida! Nos explican que lo de 985 viene del precio fijo de algunos platos que están fuera de carta (9,85 euros), además de ser el prefijo telefónico de Gijón. Picoteamos una tabla de quesos y croquetas de mejillones en escabeche y de chipirones. También compartimos unos excelentes fideos con langostinos (espectaculares) y un plato de bacalao. 

El descubrimiento estrella es el vino, ¡de lo mejor! Por 12 euros te sirven el que está calificado como mejor vino relación calidad-precio. 

Otra delicia es el postre de manzana casero, ¡riquísimo! 

Como contrapunto, diré que la camarera podría ser más simpática (no podía ser perfecto).



Hacemos una parada técnica en el hotel para coger bañador y gorro, ¡vamos a pasar una tarde de relax a Talasoponiente! Tras un tranquilo paseo a pie por el puerto deportivo nos tropezamos con el edificio de Talasoponiente, enorme y con un impacto visual innegable. Sin embargo, cuando entras y disfrutas de las vistas privilegiadas sobre la fachada marítima de Gijón desde sus incontables ventanales, de repente todo cobra sentido.

18.00. Tenemos cita para que nos den un masaje relajante vitalidad de algo más de media hora. Me llama la atención que en la cabina la música no sea la típica de hilo músical (el rollo habitual de sonidos zen o de la naturaleza). Es música indie y disfruto de la sorpresa. 

De lo más relajadas, es momento de  disfrutar de las dos plantas de piscinas y circuitos termales (hay cuatro diferentes para elegir: romano, finlandés, japonés y cromático). ¡Me cuesta decidir por donde empezar, lo quiero probar todo! Uno podría pasar horas infinitas ahí dentro... 

De Talasoponiente me quedo con dos momentos muy especiales: uno, el de la piscina exterior, pequeña pero con unas vistas de infarto sobre la playa de Poniente. La sensación del agua, caliente y salada (¡es el único centro con agua de mar de Asturias!) es de lo más saludable.

El segundo es un momento de soledad dentro de la sauna finlandesa. Sentada, mientras miro a través de una ventanal enorme que enmarca el mar, un velero aparece en el encuadre y suena música clásica. En ese momento, me inunda la paz y me rindo ante los encantos del lugar.

Muy recomendable.

20.30. Parada técnica en el hotel para cambiarse y prepararse para la cena en el restaurante Ciudadela, a unos minutos a pie de nuestro alojamiento y muy cerca de la Playa de San Lorenzo. La verdad es que da gusto que en Gijón todo esté tan a mano.
Nos han reservado un espacio singular en la planta baja, ¡es como cenar en una cueva! Un menú increíble, aun me recreo pensando en sus platos, en el pulpo tan tierno...la tapa pitu caleya, ganadora del segundo premio del concurso Mahou...el delicioso postre de tiramisú, presentado en recipientes muy originales... 


En esta cena descubro una bebida que desconocía: el Moscato. ¡Me gusta!

Pasada la medianoche nos levantamos satisfechos de la mesa. Y todo por solo 45 euros (IVA incluido), gracias al menú Gijón Gourmet, una iniciativa a la que se han adherido 9 de los más exclusivos restaurantes de la ciudad. Este (Ciudadela) tiene la Q de Calidad Turística y el sello Mesas de Asturias de Excelencia Gastronómica. El servicio es de primera y quedamos impresionados.

Como aun nos restan fuerzas, de ahí nos animamos  y nos acercamos al bar de copas Toma3, de lo más estiloso y con consumiciones a precios populares.




Agotados, nos vamos al hotel. ¡Mañana más!

Menudo primer día más guay en Gijón. Uno de los momentos más impresionantes ha sido la cena, con sus exquisitos platos. El menú degustación vale la pena y no hay un pero que ponerle.

También me he quedado encantada con el bar, el Toma3. Un local  muy mi estilo, con una decoración cuidada y original y plagado de detalles que rezuman diseño. El tipo de sitio al que, sin duda, iría a menudo si estuviera en mi ciudad.

¿Qué tal Gijón?

Mi fin de semana en Gijón ha sido una maravilla. No se puede resumir de otra manera. Por eso es muy fácil para mí y casi una necesidad imperiosa compartir algunos de los motivos por los que la ciudad más poblada de Asturias me ha encantado.

Algunos de mis motivos son:

Para empezar, Gijón es una ciudad feliz. Así lo demuestran los resultados de una encuesta de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) sobre la calidad de vida, que sitúa a Gijón en el tercer puesto a nivel nacional. No está mal, ¿verdad? Que ahí se vive bien es una realidad palpable, que se respira en el aire y que empapa la ciudad. Charlando con la gente local, es imposible no darse cuenta de los orgullosos que están y de que sienten que, como en Gijón, "no se vive en ningún sitio”. Carlos Rentalo lo relata en detalle en su blog.

¿Qué más da el tiempo que haga? Yo, que soy una privilegiada porque vivo en Mallorca, el paraíso del Sol y el buen tiempo, veo como los que nos visitan casi se cabrean si el astro rey no luce en todo su esplendor todos los días de la semana. Sin embargo, cuando uno viaja al norte (al menos yo lo siento así) se mentaliza a quizá tropezar con cielos grises y algo de lluvia. A pesar de que en mi viaje a Gijón hemos tenido mucha suerte con el tiempo, la temperatura ha sido de lo más agradable e incluso en ocasiones ha brillado el Sol, tampoco he tenido la sensación de que el mal tiempo hubiera sido una barrera para turistear por sus rincones. 



Gijón sorprende. A mí, por ejemplo, me ha sorprendido y mucho, sobretodo por su faceta más cultural y creativa. Tiene joyas escondidas que uno no espera (el domingo, ya os contaré, descubrí unas cuantas), me refiero a rincones, visitas y experiencias. Mi sensación ha sido la de estar ante un destino que supera expectativas. Pues eso, ¿que a quién no le gusta que le sorprendan?

En Gijón, al menos en un fin de semana que es el tiempo que ha durado mi visita, es imposible aburrirse. En mi relato de viaje quedará patente que abundan las actividades para regresar a casa de lo más satisfecho. Además, es una ciudad muy viva. La gente está en la calle y eso es algo que me encanta.




Otra de las cosas que me han conquistado de Gijón es que se trata de una ciudad realmente abierta al Mar. Todo gira a su alrededor y es imposible no tropezar con él y contemplar sus idas y venidas.

Gijón es fabada... pero es mucho más. ¡Se come de muerte! Así que la ciudad me ha conquistado también por el estómago. Y lo mejor, que no me ha parecido nada caro. Como ya he confesado en alguna ocasión, me hago mayor y mis viajes cada vez son más gastronómicos. Sin duda, en ese aspecto le he sacado el jugo a Gijón.



Finalmente, no puedo dejar de citar a la que ha sido mi maravillosa compañía de viaje, siendo nuestro colegueo un factor fundamental para que haya disfrutado tanto. Gracias a Sele, Jesús, Víctor, Victoria, María Jesús, Ana y Lala.  Y a Ana, Belén, Noemí, Carlos y Macu, por ser nuestros anfitriones locales y desde ya, amigos.




Cierro esta primera entrada con un resumen en fotos de mi viaje. Es un pequeño adelanto con algunas de las instantáneas que a lo largo de mi aventura Gijonesa fui subiendo a Instagram, presentadas de una manera muy gráfica a través de Tripline.




Nada más. ¡Qué estoy deseando compartir mi viaje! Lo haré en forma de relato, así que cada uno coja o deje las experiencias y actividades que más le convengan. 

Empieza el relato...